martes, noviembre 22

El roce de la rabia.

Y lo que realmente importaba, ya no importaba, era como perder algo nítido, algo sólido, pero desde el fondo del alma, una bella sonrisa o un pedacito del alba, lo que era algo innecesario se convierte en necesidad, y maldita sea la rabia que tiño el cielo de color rojo, la que voló por los aires la última frase cuerda que me mantenía de pié, cuándo creía que todo estaba echado, que esto era pan comido, la nube de vapor se desace bajo mis pies, la altura de la caída amenaza con esparcir mis sesos por el suelo y salpicar de sangre la pared.

Una imagen suave para no agudizar estas últimas palabras.

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