El silencio de la noche llegó a ser aterrador, en mi cabeza resonaban ecos desnudos de voces extrañas, la oscuridad lo envolvió todo en un manto de soledad fría, escupí en el suelo este amargo sabor me torturaba, pude sentir una garra apresando mi corazón indefenso y dejé de respirar, estaba decidida a abandonarme a ese sentimiento cuando ocurrió algo inesperado, al fondo distinguí una guitarra, seis cuerdas brillantes me llamaban, acudí, la tomé y toqué. El silencio aterrador desapareció, las voces de mi cabeza callaron, la oscuridad se iluminó, y la garra opresora se esfumó, sentí un dulce sabor... Mi despertar, mi paz, mi compañía, mi pequeña felicidad.
Seis cuerdas, un sentimiento.

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