miércoles, junio 30

Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido.



Y tan solo se escuchaba el murmucho de mis zapatos chocando suabemente contra el suelo, el suabe y deleitoso silvido del veiento perdiendose entre las hojas de los árboles en esta noche dormida y silenciosa de esta ciudad. Las calles estaban desiertas y en el cielo se podían dislumbrar algunas estrellas, pero mi corazón estaba contigo. Tan solo pensaba en irme a ese lugar en la playa en olvidarle como un recuerdo felíz, en descubrirle desierto en la arena, tocarle tranquilo en el suabe movimiento del mar, acariciarle despacio en alguna concha, roca o en la espuma que dejan las olas al marchar... en mirar la puesta de sol y verle sonríendo, en sentir la brisa del mar susurrandome un "te quiero"...
Me sobresalta el clarson de un coche y unos gritos de chvalines que van dentro, me invade una indefensa necesidad de sonreir, sonrío.

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